La parálisis facial se origina por la lesión del nervio facial que ha podido ser afectado por causas internas, externas o genéticas, provocando la pérdida de la expresión facial, así como dificultades para comer, hablar, sonreír o cerrar el ojo.
La cirugía es una de las herramientas claves con las que contamos para el tratamiento de la parálisis facial. Muchos pacientes se van a recuperar solamente con un buen manejo de rehabilitación y fisioterapia.
Otros pacientes van a necesitar tratamientos como la infiltración de la toxina botulínica, una gran aliada para ayudar a recuperar la simetría y la función en la cara.
Existen diferentes tipos de opciones de cirugía. El éxito del tratamiento quirúrgico de la parálisis facial es saber exactamente qué tipo de cirugía necesitáis, cada paciente es único y diferente.
La valoración individualizada es el primer paso. Se analiza el grado de parálisis, el tiempo de evolución, el estado muscular y la posible causa (congénita, traumática o secundaria). En esta etapa puede incluir técnicas directas, injertos nerviosos o transferencia muscular.
El proceso de reconstrucción en los pacientes con parálisis facial es claramente individualizado.
El nivel de lesión del nervio, el mecanismo que provocó la lesión y el tiempo de evolución condicionan el plan terapéutico y la evolución.
Existen diversas técnicas quirúrgicas según el tipo y la duración de la parálisis: desde injertos nerviosos, hasta transferencias musculares o procedimientos de suspensión estática y lifting para la simetría.
Las técnicas dinámicas intentan restaurar el movimiento perdido. Requieren trasplantes de tejidos como el colgajo libre del músculo gracilis y otros múltiples procedimientos microquirúrgicos (injertos nerviosos, trasplantes de nervios microvascularizados) y no microquirúrgicos.
Las técnicas estáticas no comportan movimiento del lado paralizado. Consisten en suspensiones de las partes blandas que cuelgan por la ausencia del tono muscular, para simetrizar con el lado no afectado.
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